Recientemente estuve en un seminario. Quién lo dirigía, hablando del papel de la historia en nuestros escritos, aconsejaba no permitir que la historia nos oprima, sino más bien utilizarla como telón de fondo para historias más humanas. Creo que esto no debe parar en lo que sale de la tinta, es algo que debe trascender hasta lo más intrínseco de nuestra cultura. Criticamos muchas veces a otros países cuando nos miran y definen por el conflicto interno que vivimos, sin embargo, caemos en el mismo error. Vemos a los guerrilleros como subversivos, a los paramilitares como violentos desenfrenados, a los políticos como corruptos y a los militares... pues la mayoría prefiere no pensar en ellos, no vaya a ser que se levante un ápice de sentimiento a causa de aquellos que diariamente entregan su vida a favor de los que nos sentamos dentro de un perímetro seguro.
Es fácil ver el conflicto como parte de nuestra historia. Lo que no es fácil, es ver las historias humanas detrás del conflicto... Ver al guerrillero como un joven desalentado, ingenuo y atrapado. Al político, escondido entre la corrupción tratando de sobrevivir con sus ideales y conflictos aledaños. Al militar, que tal vez pelea por su patria, o tal vez por un plato de comida. Sin embargo, sea cual fuere, al enlistarse nunca pensó que el precio de sus ideales o necesidades fuese tan alto. Como mecanismo de defensa, vemos una historia divergente, es decir, apartada de nuestra realidad, como eventos procedentes de un país lejano. Es comprensible, difícilmente encontramos un Colombiano mayor de 20 que no se encuentre saturado con esta información.
Por otro lado, están a quienes las circunstancias abofetean. Quienes viven en medio de una historia detonante. Esto ocurre cuando se tiene un acercamiento que hace inevitable el ver a los personajes de la historia como personas de carne y hueso; con familia, con sueños, con conflictos y miedos. A mí me ocurrió en el año 2002. Viajando por los lugares más maltratados de Colombia, con el fin de brindar consejería y cualquier otro tipo de ayuda, conocí un gran número de jóvenes en el proceso de involucrarse en la guerrilla o paramilitarismo. Ninguno encajo en el molde en que los imaginaba... eran jóvenes a quienes les apasionaba la música, el cine, la literatura, el derecho, la ingeniería, como a los que vivimos del otro lado del perímetro. Al igual que nosotros luchaban con problemas familiares, amorosos, económicos... la única diferencia es que a ellos se les ofreció una solución, un tanto bifurcada, pero para ellos, la única planteada. Así, llegan a arraigarse con todas sus fuerzas hasta tal punto que se convierte todo su ser y olvidan hasta lo que los motivó.
El punto en que intento llegar, es que así como en las producciones cinematográficas buscamos enfocarnos en los conflictos humanos, usando la historia como telón de fondo, sería un poco más fácil encontrar la raíz del conflicto, y una solución más humana a éste, si vemos a los personajes de nuestra historia como individuos y como personas muy humanas. Suena, y realmente es, muy idealista, pero en un país como el de nosotros; profundamente afectado por la crudeza de la realidad, hace falta ser idealista y creer en el idealismo.
Es fácil ver el conflicto como parte de nuestra historia. Lo que no es fácil, es ver las historias humanas detrás del conflicto... Ver al guerrillero como un joven desalentado, ingenuo y atrapado. Al político, escondido entre la corrupción tratando de sobrevivir con sus ideales y conflictos aledaños. Al militar, que tal vez pelea por su patria, o tal vez por un plato de comida. Sin embargo, sea cual fuere, al enlistarse nunca pensó que el precio de sus ideales o necesidades fuese tan alto. Como mecanismo de defensa, vemos una historia divergente, es decir, apartada de nuestra realidad, como eventos procedentes de un país lejano. Es comprensible, difícilmente encontramos un Colombiano mayor de 20 que no se encuentre saturado con esta información.
Por otro lado, están a quienes las circunstancias abofetean. Quienes viven en medio de una historia detonante. Esto ocurre cuando se tiene un acercamiento que hace inevitable el ver a los personajes de la historia como personas de carne y hueso; con familia, con sueños, con conflictos y miedos. A mí me ocurrió en el año 2002. Viajando por los lugares más maltratados de Colombia, con el fin de brindar consejería y cualquier otro tipo de ayuda, conocí un gran número de jóvenes en el proceso de involucrarse en la guerrilla o paramilitarismo. Ninguno encajo en el molde en que los imaginaba... eran jóvenes a quienes les apasionaba la música, el cine, la literatura, el derecho, la ingeniería, como a los que vivimos del otro lado del perímetro. Al igual que nosotros luchaban con problemas familiares, amorosos, económicos... la única diferencia es que a ellos se les ofreció una solución, un tanto bifurcada, pero para ellos, la única planteada. Así, llegan a arraigarse con todas sus fuerzas hasta tal punto que se convierte todo su ser y olvidan hasta lo que los motivó.
El punto en que intento llegar, es que así como en las producciones cinematográficas buscamos enfocarnos en los conflictos humanos, usando la historia como telón de fondo, sería un poco más fácil encontrar la raíz del conflicto, y una solución más humana a éste, si vemos a los personajes de nuestra historia como individuos y como personas muy humanas. Suena, y realmente es, muy idealista, pero en un país como el de nosotros; profundamente afectado por la crudeza de la realidad, hace falta ser idealista y creer en el idealismo.

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