jueves, 1 de noviembre de 2007

ZAPPING!!

¿Quien no recuerda la época del apagón? Todos los días por x horas se iba la luz y durante aquel eterno e infernal lapso de escasez tecnológica todos sufríamos. Bueno... excepto mi papá, cuando llegaba la hora del apagón, se escuchaba entre la multitudinaria queja que atravesaba las paredes del silencio, el grito de emoción de mi padre. Claro, cuando todos los aparatos electrónicos que nos apartaban de la vida real cedían ante la falta de electricidad, el calor nos sacaba de los cuartos, las luces eran reemplazadas por velas, la música por el silencio y la tv por la compañía.

Las noches sin luz terminaban en un camping en la sala del apartamento, y el ambiente instaba la conversación familiar que solo ocurría bajo aquellas circunstancias. Cuando sentíamos el sonido tan esperado en aquellos días; ¡mil aparatos recibiendo electricidad! Entonces, todos volteábamos ansiosos al foco que se dejaba intencionalmente prendido para no perdernos el momento en el cual la fuente eléctrica alimentaba la cuidad una vez más. Saltábamos de alegría y corríamos a nuestros cuartos, donde la vida tecnológica nos esperaba. Mientras tanto, mi papá se quedaba unos minutos en la sala, esperando que de alguna manera, se fuera la luz por unas horas más...

Ahora entiendo de qué trataba todo eso, es la misma razón por la cual mi esposo y yo decidimos exiliar el tv y todo aparato electro parlante a la sala. No mal interpreten, no estoy diciendo que el tv sea la caja del diablo ni nada por el estilo, al contrario le tengo un profundo aprecio, el igual que a mi PC. Sin embargo, aún que todos estos aparatos deberían ampliar nuestras oportunidades, frecuentemente logran distanciarnos de la vida y las experiencias reales.

Ayer mientras leía un poemario que me regalo mi bisabuela pensaba en todo esto. Un poema específicamente, escrito por ella me hacía pensar como sería la vida en su época. Ella escribía sobre la "dulce soledad del campo", tanto aprecio le tenía a esta soledad que así bautizo a mi abuela. Recuerdo que ya bastante entrada en años, aún cuando mi abuela se lo prohibía, se iba sola para la finca... yo pensaba " ¡que hará allá sola, sin cable, sin nada!", tal vez ésa era la idea. Estamos acostumbrados a pasarnos la vida haciendo zapping, soy la primera que me incluyo en la generación... pero tal vez tenga un poco que aprender de mi bisabuela, que nunca cambió mil historias ajenas por su propia historia. Ella decidió, escribir su propia vida, no en papel, si no en la memoria de todos.

Mi esposo y yo tenemos un compromiso; no dejar que este zapping, que está presente no sólo cuando tenemos un control a la mano, sino en nuestra actitud hacia la vida, las situaciones y circunstancias, se interponga en nuestra relación. Suena fácil, pero en realidad, para los que vivimos en la autopista de la información, es un reto evitar que nuestras relaciones sean virtuales. Solo espero que en un futuro, cuando tenga hijos, no tenga la necesidad de desear que vuelvan los apagones.


LA SOLEDAD DEL CAMPO

Dedico estos versos a mi idolatrada hija Soledad del Campo.


Eres como tu nombre lo indica
la dulce soledad del campo,
en ti encuentra la criatura;
dicha, placer y encanto.

Eres contento y ventura,
eres rocío y candor,
eres Sole, la ternura;
eres, tú, mí bello amor.

En ti todo es alegría
todo es perfume y flores,
en ti se encuentra armonía;
en ti se goza de amores.


ALBA ELENA DEL CAMPO

No hay comentarios: